Archivo de Julio de 2009

Miércoles, 1 de Julio, 2009 | Escrito por: Opengarden

Las exigencias y la responsabilidad en el cuidado del medio ambiente sitúan el ahorro del agua como una de las principales prioridades en el sur de Europa. En este contexto, el césped artificial supone un importante reductor del consumo de agua, bien cada vez más preciado y escaso. Parece contradictorio que un producto artificial tenga un componente ecológico. Sin embargo, los beneficios que aporta su utilización así lo demuestran. Además de restringir de forma drástica el riego, evita la aplicación de productos químicos de tratamiento (plaguicidas, fertilizantes, herbicidas o funguicidas) y no genera residuos durante su vida útil, que puede llegar a superar los 15 años. Y en jardinería y paisajismo, al no requerir apenas de mantenimiento ni máquinas cortacésped, la emisión de gases a la atmósfera es de cero.

De forma equívoca, en ocasiones se afirma que el césped artificial es un residuo altamente contaminante y cuya eliminación es muy problemática. La realidad es bien distinta. Actualmente las fibras de calidad son reciclables en un 100% gracias a las innovaciones e investigaciones desarrolladas. Además, es un producto inocuo. Todos los estudios y pruebas de laboratorios realizados demuestran que es inofensivo para la salud humana y las últimas generaciones de césped artificial han dejado de provocar quemaduras cutáneas.

En cuanto a la temperatura, el césped artificial registra niveles más elevados si lo comparamos con el césped natural, pero en jardinería la no utilización de caucho reciclado ha conseguido igualarlos a los de otros pavimentos duros. Pero como ocurre en todos los sectores, en el mercado existen productos sin la calidad suficiente que no reúnen las características técnicas que garanticen los principios expuestos. Por ello, siempre es recomendable la utilización de producto homologado, controlado y con garantías por escrito.

Miércoles, 1 de Julio, 2009 | Escrito por: Opengarden

El césped artificial aflora en primavera


Alternativas para jardinería y paisajismo

“De esta primavera no pasa ¡Por fin vamos a arreglar el jardín!”. Es una afirmación muy común que hacemos en esta época del año al comprobar que el estado real de nuestro jardín no es el deseado. Y es que, muchas personas carecen del tiempo suficiente para el cuidado que merece el césped natural, o prefieren dedicar éste a otras actividades. En estos casos, el césped artificial supone una solución más que acertada, cuyos resultados sorprenderán a propios y extraños. También es un recurso perfecto en zonas donde, debido a las restricciones de agua u otros factores ambientales, el césped natural es difícil que crezca o el mantenimiento es demasiado poco práctico. La primavera es un buen momento para dar el paso y llevar acabo la instalación.

Pero las potencialidades del césped artificial no quedan ahí. Ofrece muchos otros usos domésticos -como en terrazas y balcones, áticos, piscinas, patios interiores o tejados- o puede incluso combinarse con el natural. Y en los espacios público y abiertos, hace más atractiva la imagen de la ciudad. En este sentido, las aplicaciones son infinitas: jardines, parques, plazas, medianas, rotondas, tranvías… El césped artificial no sólo dota el espacio público de un encanto permanente, también reduce drásticamente los gastos de mantenimiento. Además es una superficie de larga durabilidad, por lo cual constituye una inversión rentable a largo plazo.

Por situaciones como estas, el sintético ha conseguido abrirse un importante nicho de mercado en todo el mundo, algo a lo que ha ayudado el hecho de que en la actualidad no existan pavimentos que reúnan sus características y calidades. No en vano, según fuentes del sector, las ventas en Europa de césped artificial de la línea landscape han experimentado un ritmo de crecimiento del 20% en los últimos años, lo que refleja que los consumidores e instituciones están cada vez más convencidos de las posibilidades de este material.